En este post
queremos que conozcan dos magníficas obras del pintor burgalés Mateo Cerezo en
la Catedral de Burgos.
Mateo era
hijo del pintor Mateo Cerezo Muñoz y de Isabel Delgado, hija de un conocido dorador
burgalés.
Para
distinguirlo de su padre se le conoce en el arte como Mateo Cerezo el Joven.
Aunque su
formación se inicia en Burgos en el taller paterno, Mateo se traslada a Madrid
con quince años para formar parte del taller de Juan Carreño de Miranda.
También se
aprecia en su obra un conocimiento profundo de la pintura de Tiziano y de Van
Dyck.
Lamentablemente
Mateo fallece con tan solo veintinueve años en 1666. No obstante, su obra es
prolífica y está considerado uno de los mejores pintores del Barroco español.
Este gran
pintor burgalés nos ha dejado un considerable número de obras religiosas, así
como de espléndidos bodegones.
En la
Catedral de Burgos se exponen dos lienzos de Mateo Cerezo el Joven, uno que
representa a Cristo Crucificado y otro
de San Francisco de Asís y el ángel.
En la capilla de los Condestables de la Catedral de Burgos encontramos un lienzo de Cristo crucificado de Mateo Cerezo.
El canónigo
Juan Vélez Mantilla regala este lienzo a la catedral para sustituir al retablo
del Cristo crucificado de la Capilla de los Remedios, hoy conocida como capilla
del Cristo de Burgos, que había ardido en 1684.
La obra
representa el momento de la expiración de Cristo, que afronta el final de su
vida con gran dignidad y serenidad.
Sobresale la
complexión anatómica de Cristo cuyo cuerpo destaca luminoso y sin apenas
sangre.
El paño de
castidad movido por el viento marca una intensa diagonal y el rostro de Cristo
se alza con expresión dramática en escorzo acusado.
También
destaca en el cuadro el paisaje que sirve de fondo y que representa una
Jerusalén fantástica rodeada de montañas nevadas.
Asimismo, la
luz crepuscular confiere una iluminación natural suave a la escena.
SAN FRANCISCO DE ASIS Y EL ANGEL
Esta obra
que representa a San Francisco y el ángel se expone en el Museo de la Catedral, Capilla
de Santiago, y está fechada en 1659 cuando el pintor tenía 22 años.
En la
composición se presentan movimientos en direcciones contrapuestas, que imprimen
a la obra un sentido barroco
Su pincelada
voluptuosa y sus representaciones dinámicas y coloristas a la manera veneciana
convierten a Mateo Cerezo en una de las figuras más destacadas de la pintura barroca
del siglo XVII.
Asimismo, en
la obra se contraponen la figura serena de San Francisco con el gesto de
sorpresa del lego que le acompaña.
El ángel en
la parte superior derecha señala la transparente redoma, símbolo de la pureza
sacerdotal que el santo temía no poder alcanzar.
Unos
querubines representados en la parte superior izquierda completan la
composición.
Mateo Cerezo
dominaba la representación de la naturaleza muerta, lo que queda patente también
en esta obra con el libro abierto, la calavera y las florecillas dispersas.
El cuadro
forma parte del inventario de la catedral desde el siglo XVIII y debió formar
parte de un altar.
Incluso se
ha llegado a pensar que pudiera haber estado situado en el trascoro durante
algún tiempo, ya que sus dimensiones son parecidas a las de los lienzos de Fray
Juan Ricci que adornan los muros laterales del mismo.
Durante las visitas que la Asociación de guías oficiales de turismo de Burgos realizan a la Catedral os mostramos estas dos magníficas obras. Podéis reservar vuestras visitas para grupos privados o agencia en la web www.guiasdeburgos.es o en el teléfono 659268321